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martes, 5 de agosto de 2025

FUNDACIÓN DE LA UNIVERSIDAD DE BUENOS AIRES



12 de agosto de 1821: Nace la Universidad de Buenos Aires - Cuna del pensamiento crítico argentino  



Un 12 de agosto de 1821, en plena efervescencia independentista, el gobierno de Martín Rodríguez (con Bernardino Rivadavia como ministro) firmó el decreto que creaba la Universidad de Buenos Aires, segunda casa de estudios superiores del país después de Córdoba (1613).  


Contexto revolucionario:  


- Objetivo político: Formar una élite ilustrada para construir la nueva nación  


- Modelo innovador: Rompió con el esquema colonial/teológico de Córdoba  


- Primeras facultades: Medicina, Derecho y Ciencias Sagradas  


Dato revelador: Las clases comenzaron el 21 de septiembre de 1821 en la Manzana de las Luces, con solo 30 alumnos.  



Hitos que definieron su grandeza 


1. 1881: Nacionalización bajo la presidencia de Julio A. Roca  


2. 1918: Epicentro de la Reforma Universitaria que democratizó la educación superior en América Latina 

 

3. 1958: Creación del Ciclo Básico Común (modelo único de ingreso irrestricto)  


4. 1984: Restauración democrática tras la dictadura (recuperó 1,200 profesores cesanteados)  


Cifras que impresionan:  


- 300,000 estudiantes actuales (equivalente a la población de Santa Fe capital)  


- 13 facultades incluyendo Medicina (la mejor de Iberoamérica según QS 2024)  


- 5 Premios Nobel: Bernardo Houssay (Medicina), Luis Leloir (Química), Carlos Saavedra Lamas (Paz), César Milstein (Medicina) y Adolfo Pérez Esquivel (Paz)  



La UBA como termómetro político

  

- Laboratorio ideológico: Formó desde presidentes (Arturo Frondizi, Raúl Alfonsín) hasta guerrilleros (Ernesto "Che" Guevara)  


- Resistencia cultural: Durante la última dictadura, sus aulas albergaron clases clandestinas  


- Vanguardia social: Primera universidad latinoamericana en tener centro de estudiantes (1903) y cátedras de género  


Paradoja actual: Mientras rankeada entre las top 100 del mundo, su infraestructura sufre goteras y protestas por presupuesto.  



Mitos y verdades de la educación pública  


Gratuidad real: Desde 1949 (decreto Perón), sin aranceles ni "derechos de examen"  


"Elitista": El 67% de sus estudiantes proviene de hogares con ingresos menores a 2 salarios mínimos  


Investigación pionera: Descubrió la doble hélice del ADN (antes que Watson y Crick, pero sin patentar)  


Deserción: Solo el 30% egresa (promedio similar a Harvard pero por causas económicas, no académicas)  



La UBA en el siglo XXI: desafíos

  

1. Presupuesto: Con solo 0,3% del PBI, compite con universidades que reciben 10 veces más  


2. Virtualidad: Resistencia a perder la presencialidad que forjó su identidad  


3. Inclusión: Cómo mantener calidad con masividad (1 profesor cada 25 alumnos)  


4. Internacionalización: Atraer más estudiantes extranjeros (hoy solo el 5%)  


Joyas ocultas:  


- La Biblioteca Central guarda primeras ediciones de Darwin y Marx  


- El Rectorado (ex Clínica Médica) es Patrimonio Arquitectónico  


- Su orquesta debutó con Astor Piazzolla  


Legado vivo 

 

Formó:  


- Científicos como René Favaloro  


- Escritores como Julio Cortázar  


- Artistas como Luis Alberto Spinetta  


Hoy sigue siendo la universidad de Borges (que dio clases gratis en Filosofía y Letras) y de los pibes que llenan las paredes de Ciudad Universitaria con consignas políticas.  


Cierre con frase de Arturo Jauretche


"Cuando la UBA estornuda, Argentina se resfría. Y cuando tose, el continente tiembla".




lunes, 4 de agosto de 2025

El desembarco estadounidense en Saida (Nueva Guinea)



El 2 de enero de 1944, en el marco de la campaña del Pacífico durante la Segunda Guerra Mundial, tropas estadounidenses desembarcaron en Saida, Nueva Guinea, como parte de la estrategia aliada para aislar y debilitar a las fuerzas japonesas en el Sudeste Asiático. 


Esta operación se enmarcó dentro de la larga y sangrienta batalla por Nueva Guinea, un escenario clave para cortar las líneas de suministro enemigas y acercarse a Filipinas.  


El desembarco en Saida (actual Saidor) formó parte de la operación "Director", ejecutada por la 6ª Armada estadounidense, con apoyo aéreo y naval. Su objetivo era establecer una cabeza de playa que permitiera a los Aliados controlar la costa norte de Nueva Guinea, facilitando futuros avances hacia las bases japonesas en las islas del Pacífico. 


Aunque la resistencia inicial fue menor a la esperada, las duras condiciones de la jungla y los contraataques nipones convirtieron la campaña en un desafío logístico y humano.  


Este movimiento fue crucial en la estrategia del general Douglas MacArthur de "saltar" entre islas (island-hopping), evitando fuertes contingentes enemigos para concentrarse en puntos estratégicos. La toma de Saida contribuyó al cerco de la importante base japonesa de Rabaul, dejándola inoperante sin necesidad de un asalto directo.  


En conclusión, el desembarco en Saida refleja la meticulosa planificación aliada para recuperar el Pacífico. Más que una batalla decisiva, fue un eslabón en la cadena de operaciones que llevaría a la derrota japonesa en 1945. 


Hoy, este episodio es recordado como un ejemplo de guerra anfibia en condiciones extremas y un paso clave hacia la liberación de Asia-Pacífico.




La caída de Manila bajo ocupación japonesa



El 2 de enero de 1942, en uno de los momentos más oscuros de la Segunda Guerra Mundial en el Pacífico, las tropas imperiales japonesas entraron en Manila, capital de Filipinas, marcando el inicio de una brutal ocupación que se extendería por más de tres años. 


Este evento fue parte de la rápida expansión militar japonesa en el Sudeste Asiático, que siguió al ataque a Pearl Harbor (diciembre de 1941) y que buscaba consolidar el dominio de Japón en la región.  


Ante el avance japonés, las fuerzas estadounidenses y filipinas, bajo el mando del general Douglas MacArthur, se retiraron a la península de Bataan y la isla de Corregidor en una desesperada estrategia defensiva. 


La declaración de Manila como "ciudad abierta" —para evitar su destrucción— no impidió que los japoneses la ocuparan, iniciando un período de represión, violencia y privaciones para la población civil.  


La ocupación de Manila fue solo el preludio de mayores atrocidades, como la Masacre de Manila (1945), en la que miles de civiles murieron durante los combates por la liberación de la ciudad. Sin embargo, en 1942, la caída de la capital filipina simbolizó el colapso temporal del poder colonial estadounidense en Asia y el surgimiento de un nuevo orden bajo el feroz imperialismo japonés.  


En conclusión, la entrada de Japón en Manila no fue solo una victoria militar, sino el comienzo de una de las ocupaciones más cruentas de la guerra. Este episodio dejó una profunda huella en la memoria histórica filipina, recordando tanto la resistencia local como el costo humano de la guerra en el Pacífico.




El bombardeo alemán a la Catedral de Llandaff en Cardiff



En plena Segunda Guerra Mundial, la ciudad de Cardiff (Gales) sufrió los estragos de la guerra el 2 de enero de 1941, cuando un ataque aéreo alemán dañó gravemente la histórica Catedral de Llandaff, uno de los edificios religiosos más emblemáticos de Gales. 


Este bombardeo se enmarcó dentro de la Blitz, la campaña de ataques aéreos nazis contra el Reino Unido destinada a quebrar la moral civil y destruir infraestructuras clave.  


La catedral, con orígenes que se remontan al siglo VI y reconstruida en estilo gótico en el siglo XIX, fue alcanzada por las bombas de la Luftwaffe, que causaron importantes destrozos en su estructura. 


Aunque el templo no quedó completamente destruido, el ataque simbolizó la vulnerabilidad del patrimonio cultural británico ante una guerra total que no distinguía entre objetivos militares y civiles.  


Este episodio fue parte de una serie de bombardeos sobre ciudades industriales y portuarias británicas, como Londres, Coventry y Liverpool, en los que Alemania buscó paralizar la economía y desmoralizar a la población. Sin embargo, lejos de lograr su objetivo, estos ataques fortalecieron la resistencia británica y consolidaron el apoyo a la guerra contra el nazismo.  


En conclusión, el bombardeo de la Catedral de Llandaff no fue solo un ataque a un edificio histórico, sino un recordatorio de la brutalidad de la guerra y la determinación de un pueblo por defender su identidad. Su posterior reconstrucción, culminada en la posguerra, se convirtió en un símbolo de resiliencia y renacimiento frente a la destrucción.





El acuerdo italo-británico de 1937 y la frágil paz en el Mediterráneo



En enero de 1937, en un contexto de creciente tensión internacional previa a la Segunda Guerra Mundial, Italia y Gran Bretaña firmaron un acuerdo para preservar el statu quo en el Mediterráneo. 


Este pacto, conocido como la "Declaración Anglo-Italiana", buscaba evitar una escalada de conflictos en una región estratégica donde ambos países tenían intereses coloniales y militares enfrentados.  


El acuerdo fue impulsado por la invasión italiana de Etiopía (1935-1936) y la posterior consolidación del Eje Roma-Berlín, que había alarmado a Londres. 


Aunque el gobierno de Benito Mussolini aceptó teóricamente respetar la soberanía de los territorios mediterráneos, en la práctica el pacto fue una maniobra dilatoria: Italia seguía apoyando a los sublevados en la Guerra Civil Española y expandiendo su influencia en el norte de África, mientras Gran Bretaña intentaba contener el avance fascista sin recurrir a la guerra.  


La fragilidad del acuerdo quedó demostrada en los años siguientes, cuando Mussolini violó abiertamente sus términos al reforzar su presencia en Libia, intervenir en Albania (1939) y, finalmente, aliarce con la Alemania nazi en la Segunda Guerra Mundial. Para Gran Bretaña, el pacto de 1937 representó un último intento fallido de apaciguamiento ante una Italia expansionista.  


En conclusión, este episodio refleja la diplomacia fallida de los años 1930, donde las potencias democráticas subestimaron el expansionismo fascista. 


El statu quo mediterráneo no duró, y el acuerdo solo pospuso un conflicto que estallaría con toda su fuerza en 1940, cuando Italia entró en guerra contra los Aliados. Una lección histórica sobre los riesgos de negociar con regímenes agresivos sin garantías reales.




El bombardeo republicano sobre Córdoba durante la Guerra Civil Española (1937)



En plena Guerra Civil Española (1936-1939), el año 1937 estuvo marcado por operaciones militares clave en ambos bandos. Uno de estos episodios fue el bombardeo de Córdoba por parte de la aviación republicana, un intento estratégico de debilitar la retaguardia del bando sublevado, que controlaba la ciudad desde los primeros compases del conflicto.  


Córdoba, bajo dominio franquista desde julio de 1936, era un enclave importante en la zona sur de España. El ataque aéreo republicano buscaba interrumpir las líneas de suministro y comunicación de las fuerzas nacionalistas, así como afectar su moral. 


Sin embargo, como ocurrió en otros bombardeos de la guerra, la operación también tuvo un coste civil, reflejando la crudeza de un conflicto en el que la población sufrió las consecuencias de la guerra total.  


Este episodio se enmarca en la creciente importancia de la aviación como arma de guerra, utilizada por ambos bandos con apoyo internacional (la Alemania nazi y la Italia fascista en el caso sublevado; la Unión Soviética y las Brigadas Internacionales en el republicano). 


Aunque los bombardeos republicanos no lograron cambiar el curso de la guerra en Andalucía, evidenciaron la escalada de violencia y la transformación tecnológica de los conflictos bélicos en el siglo XX.  


En conclusión, el bombardeo de Córdoba en 1937 fue un reflejo más de la brutalidad y la estrategia desesperada de una guerra que dividió España. Más allá de su impacto militar limitado, el hecho simboliza cómo la aviación se convirtió en un instrumento de terror y presión psicológica, anticipando los horrores que caracterizarían a los conflictos posteriores, como la Segunda Guerra Mundial.




Boca Juniors, campeón del primer torneo profesional del fútbol argentino (1932)



El año 1932 quedó grabado en la historia del fútbol argentino cuando Boca Juniors se consagró campeón del Campeonato de Primera División de 1931, el primer torneo profesional de la disciplina en el país. 


Este hito no solo significó un título más para el club de La Ribera, sino que también marcó el inicio de una nueva era en el deporte más popular de Argentina.  


La creación del fútbol profesional en 1931 fue una respuesta a la creciente popularidad del deporte y la necesidad de estructurar un sistema más organizado y competitivo. 


Boca Juniors, que ya era uno de los equipos más importantes del amateurismo, demostró su poderío en esta nueva etapa: con figuras como Roberto Cherro y Delfín Benítez Cáceres, el equipo xeneize terminó en la cima del torneo, que se extendió hasta principios de 1932 debido a su formato especial.  


El triunfo de Boca no solo consolidó su identidad como uno de los grandes del fútbol argentino, sino que también sentó las bases para la rivalidad creciente con otros clubes, especialmente River Plate, en la era profesional. 


Este campeonato, además, fue el punto de partida para la estructura competitiva que convertiría a la liga argentina en una de las más importantes del mundo.  


En conclusión, el título de Boca Juniors en 1931/32 fue mucho más que una conquista deportiva: representó el nacimiento de una nueva dinámica en el fútbol argentino, donde el profesionalismo, la pasión y la masividad comenzaron a moldear el espectáculo que hoy conocemos. Un legado que, más de noventa años después, sigue vigente.




Independencia del Alto Perú

    El 6 de agosto de 1825, se declaró formalmente la independencia del Alto Perú, poniendo fin al dominio colonial español en este importan...