El ensayo de Norma Wendy Ríos Portugal, titulado "Las formas del pluralismo, la política y la igualdad.Antagonismo, agonismo y consenso", aborda uno de los debates más profundos de la teoría política contemporánea: si la democracia debe entenderse como la búsqueda pacífica del consenso y la tolerancia, o si, por el contrario, el conflicto y el antagonismo son elementos inherentes e irrenunciables a la vida política.
Para explorar esta tensión, la autora examina y contrasta las propuestas de tres influyentes pensadores: el comunitarista liberal Michael Walzer y los teóricos críticos de corte postmarxista Chantal Mouffe y Jacques Rancière.
En el primer bloque de su análisis, la autora contrapone las distintas maneras de concebir el pluralismo. Para Michael Walzer, el pluralismo se sostiene sobre un universalismo particularista o reiterativo, el cual rechaza la existencia de una única verdad o justicia universal.
Según Walzer, cada comunidad y contexto histórico construye sus propios significados morales para conceptos abstractos como la libertad. Por ello, el pilar de la democracia liberal debe ser la tolerancia, el respeto mutuo y el reconocimiento activo de la otredad. En contraste, Chantal Mouffe y Jacques Rancière critican esta pretensión de armonía.
Mouffe sostiene que el pluralismo implica necesariamente un conflicto inerradicable, puesto que existen valores irreconciliables que se definen en oposición directa a otros. Por su parte, Rancière advierte que la búsqueda de una sociedad pacificada representa una "utopía realista" que busca la despolitización y el fin de la política.
Según Rancière, cuando se suprime el conflicto y la división, la tolerancia solo se otorga al "otro similar", lo que termina encubriendo el temor al diferente y desencadenando un odio desnudo y racismo hacia el "otro radical".
El segundo eje del texto profundiza en las definiciones de lo político y la política, tomando como referencia de fondo el concepto de antagonismo de Carl Schmitt.
Mientras que para Schmitt lo político se define por la intensa dicotomía entre amigo y enemigo en una lucha potencialmente mortal, Mouffe busca transformar esta dinámica antagónica en un modelo agonístico. Para Mouffe, lo político es la dimensión del antagonismo humano, mientras que la política consiste en crear las instituciones para "domesticar" la hostilidad.
En el modelo agonístico, el enemigo a destruir es reemplazado por la figura del adversario legítimo: alguien con quien se comparten los principios ético-políticos de la democracia (libertad e igualdad), pero con quien se mantiene un "consenso conflictivo" en permanente lucha por la hegemonía.
Rancière, en cambio, propone un marco distinto al dividir la realidad en tres conceptos: lo político, la política y la policía. Para él, la "policía" es el orden establecido que distribuye funciones, jerarquías y lugares en la sociedad.
La "política", en cambio, es la fuerza emancipadora y el acto de interrupción que surge cuando se cuestiona dicho orden policial a partir del supuesto irrenunciable de que todos somos iguales.
En el tercer apartado, el artículo aborda la imposibilidad de alcanzar una igualdad social absoluta y analiza cómo la conciben estos autores. Walzer rechaza la igualdad simple —aquella que pretendería que todos posean la misma riqueza— argumentando que requeriría un control estatal omnipresente y tiránico.
En su lugar, propone la "igualdad compleja", donde los distintos bienes sociales (dinero, poder, educación) se distribuyen de acuerdo con criterios autónomos correspondientes a su propia esfera, evitando que el predominio en un ámbito permita la dominación sobre los demás.
Por otro lado, Rancière sostiene que la igualdad no es una cuestión de redistribución de bienes ni de equivalencia jurídica, sino una "igualdad de las inteligencias".
Esta igualdad no es un estado o valor dado, sino un supuesto de partida que se revela y actualiza en la experiencia del lenguaje y en los momentos específicos en que los sujetos se movilizan y luchan contra la lógica del orden policial.
En sus conclusiones, la autora resalta que, si bien ninguno de estos pensadores propone un fin definitivo o telos para la historia, sí trazan horizontes políticos contrapuestos.
Mientras el horizonte de Walzer busca la convivencia pacífica a través de la deliberación racional, el respeto y la tolerancia moralizadora, los enfoques radicales de Mouffe y Rancière colocan al conflicto en el centro mismo de la vida democrática.
En definitiva, la obra nos invita a reflexionar sobre cómo el pluralismo y la igualdad no son estados de equilibrio estático alcanzados de una vez y para siempre, sino procesos dinámicos que se redefinen continuamente a través de las experiencias y contradicciones de la práctica política real.






