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viernes, 19 de septiembre de 2025

Operación Bagratión



La Operación Bagratión, desarrollada entre el 22 de junio y el 19 de agosto de 1944 en el frente bielorruso, fue la mayor y más devastadora ofensiva soviética de toda la Segunda Guerra Mundial.


Una campaña de aniquilación tan colosal en su escala y consecuencias que destrozó por completo al Grupo de Ejércitos Centro alemán y llevó al Ejército Rojo desde las puertas de Moscú hasta las afueras de Varsovia en menos de dos meses, cambiando irreversiblemente el curso de la guerra en el Este. 


Nombrada en honor al general georgiano Piotr Bagratión, héroe de las Guerras Napoleónicas, esta operación fue la pieza central del "golpe de diez estalinistas".


Una serie coordinada de ofensivas soviéticas a lo largo de todo el frente oriental y demostró la madurez aplastante del arte operacional soviético, combinando maestría en el engaño, concentración abrumadora de fuerza y movimientos de pinza profundos que cercaron y destruyeron ejércitos enteros.


El contexto estratégico era de oportunidad única para la URSS. El alto mando alemán (OKH), convencido por la exitosa campaña de decepción soviética (Maskirovka) de que el próximo golpe principal caería en Ucrania contra el Grupo de Ejércitos Norte de Ucrania, había debilitado críticamente al Grupo de Ejércitos Centro al transferir varias de sus divisiones panzer al sur. 


Lo que quedó en Bielorrusia fue una fuerza estática, mal equipada y desplegada en posiciones sobre-extendidas y vulnerables, con sus flancos apoyados en pantanos intransitables de Pripet que los alemanes consideraban una barrera infranqueable. Los soviéticos, bajo la planificación de los mariscales Georgy Zhukov y Aleksandr Vasilevsky, decidieron explotar precisamente esta percepción errónea.


La ofensiva se inició deliberadamente en el tercer aniversario de la invasión alemana de la URSS (22 de junio de 1944), con un significado simbólico inconfundible. 


Precedida por un masivo bombardeo de artillería de una intensidad sin precedentes y por intensos ataques de partisanos soviéticos (140.000 operando detrás de las líneas) que volaron miles de vías férreas y líneas de comunicación, el primer frente soviético (1.º Frente Báltico y 3.º Frente Bielorruso) se abalanzó sobre Vitebsk, cercando y aniquilando a 5 divisiones alemanas en tres días. 


Al sur, el 1.º Frente Bielorruso del mariscal Konstantin Rokossovsky atacó hacia Bobruisk, un movimiento que los alemanes consideraban imposible a través de los pantanos, y destruyó por completo al 9.º Ejército alemán en una de las mayores matanzas de la campaña.


El avance soviético fue imparable. La doctrina de Blitzkrieg alemana fue superada y devuelta con intereses por la profundidad operacional soviética. 


Mientras la infantería alemana era fijada en sus posiciones, los cuerpos de tanques de guardias soviéticos explotaban las brechas, avanzando decenas de kilómetros por día, rodeando enormes bolsas de tropas alemanas y dejando a las unidades de primera línea sin rutas de escape ni suministros. 


Ciudades clave como Vitebsk, Orsha, Mogilev y Bobruisk cayeron en rápida sucesión. La capital de Bielorrusia, Minsk, fue liberada el 3 de julio, cercando a unos 100.000 soldados del 4.º Ejército alemán al este de la ciudad en lo que se conoció como la "caldera de Minsk".


La fase final de la operación vio al Ejército Rojo explotar su éxito más allá de las fronteras de la URSS. Los frentes soviéticos barrieron Lituania, llegando al Golfo de Riga y aislando al Grupo de Ejércitos Norte en Curlandia. 


Al sur, cruzaron el río Bug y entraron en Polonia, llegando a las afueras de Varsovia a finales de julio y estableciendo cabezas de puente en el río Vístula. El avance solo se detuvo finalmente por la vasta extensión de las líneas de suministro soviéticas, que estaban al límite absoluto, y por un contraataque panzer alemán concentrado cerca de Varsovia que estabilizó temporalmente el frente.


Las pérdidas alemanas fueron de una escala apocalíptica, las peores de su historia militar. Se estima que el Grupo de Ejércitos Centro perdió entre 400.000 y 550.000 hombres (muertos, heridos y capturados) de una fuerza inicial de unos 800.000 soldados.


Unos 150.000 fueron capturados solo en las grandes bolsas de Vitebsk, Bobruisk y Minsk; de los 57.000 prisioneros marchados por las calles de Moscú el 17 de julio, la mayoría moriría en cautiverio. 


Se perdieron 28 divisiones completas, y otras 50 sufrieron pérdidas del 50-70%. El frente alemán en el este se colapsó, creando una brecha de 400 kilómetros de ancho que no pudo ser sellada.


Las consecuencias de Bagratión fueron estratégicamente decisivas. La ofensiva no solo liberó toda Bielorrusia y gran parte de Lituania, sino que llevó al Ejército Rojo a las puertas de Polonia y Prusia Oriental, acortando la distancia a Berlín. 


La catástrofe obligó a Alemania a desviar fuerzas críticas del frente occidental (donde los Aliados acababan de establecerse en Normandía) y de Ucrania, facilitando avances aliados en todos los frentes. 


Políticamente, el rápido avance soviético hasta Varsovia precipitó el Alzamiento de Varsovia (1 de agosto - 2 de octubre de 1944), donde el Ejército Rojo, por razones políticas, se detuvo deliberadamente en el Vístula y permitió que los alemanes destruyeran a la resistencia polaca leal al gobierno en el exilio en Londres. 


Militarmente, Bagratión fue la demostración final de la superioridad del arte operacional soviético y el golpe de gracia del que la Wehrmacht nunca se recuperó, asegurando que la victoria final en Europa sería soviética. 


Fue, en esencia, la venganza perfecta por los desastres soviéticos de 1941 y la campaña más exitosa de la Segunda Guerra Mundial.




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