La Batalla de Guam, librada entre el 21 de julio y el 10 de agosto de 1944, fue la operación de reconquista por parte de los Estados Unidos de un territorio estadounidense ocupado por Japón desde el 10 de diciembre de 1941.
Un componente crucial de la campaña de las Islas Marianas que, junto con las batallas de Saipán y Tinian, quebró el perímetro defensivo interior del Imperio Japonés y proporcionó bases aéreas irremplazables para los bombarderos B-29 Superfortress.
Más que una mera operación militar, la lucha por Guam tuvo un profundo significado simbólico para Estados Unidos, ya que se trataba de recuperar un suelo propio perdido en los humillantes primeros meses de la guerra.
Para los japoneses, que defendieron la isla con la tenacidad desesperada característica de esta fase del conflicto, transformando su paisaje tropical en un infierno de fuego y resistencia fanática.
El contexto estratégico de la invasión estaba íntimamente ligado a la campaña de las Marianas. Tras la captura de Saipán en julio de 1944, el siguiente objetivo lógico era Guam, la isla más grande y meridional del archipiélago.
Su valor era inmenso: Sus puertos de aguas profundas podían albergar la flota de invasión aliada y sus terrenos planos eran ideales para construir múltiples aeródromos para los B-29.
Para los japoneses, bajo el mando del teniente general Takeshi Takashina, Guam representaba un bastión clave en la línea defensiva absoluta; su pérdida, sumada a la de Saipán, dejaría el corazón de Japón al alcance de los bombarderos estadounidenses.
La guarnición japonesa, compuesta por aproximadamente 18.500 soldados del 29ª División de Infantería y otras unidades, así como unos 5000 trabajadores navales y coreanos, habían pasado dos años y medio fortificando meticulosamente la isla.
Construyendo una red de búnkeres de hormigón, cuevas inter-conectadas, posiciones de artillería bien camufladas y extensos campos de minas, especialmente en las playas de desembarco previstas.
El plan estadounidense, a cargo del III Cuerpo Anfibio del mayor general Roy Geiger, involucró un bombardeo preliminar prolongado y extremadamente intenso.
Durante 13 días consecutivos, buques de guerra de la Quinta Flota del almirante Raymond Spruance, incluidos acorazados, cruceros y destructores, saturaron las defensas costeras japonesas con más de 28.000 proyectiles.
Simultáneamente, aviones basados en portaaviones y luego en Saipán realizaron incursiones casi constantes. A pesar de esta preparación sin precedentes, muchos de los fortines bien camuflados y las posiciones en cuevas sobrevivieron intactos.
El asalto anfibio comenzó en la mañana del 21 de julio de 1944. La 3.ª División de Marines del mayor general Allen H. Turnage desembarcó en la playa norte de Asan, mientras que la 1.ª Brigada de Marines Provisional del brigadier general Lemuel C. Shepherd, Jr. lo hacía más al sur, en la playa de Agat.
El desembarco fue caótico y costoso. Aunque la resistencia inicial en la playa fue suprimida, los Marines pronto se encontraron empujados contra dos cerros dominantes: el Monte Alifan en el sur y las colinas de Chonito-Cliff y Fonte en el norte.
Desde estas alturas, los defensores japoneses infligieron fuertes bajas con fuego de mortero, artillería y ametralladoras perfectamente registrado. Los tanques anfibios DUKW y los tractores LVTs fueron particularmente vulnerables al fuego directo de la artillería oculta.
La lucha se caracterizó por avances lentos y metódicos a través de una densa jungla y terrenos escarpados. Los Marines, apoyados por la artillería naval y los cañones autopropulsados del Ejército, tuvieron que reducir cada posición una por una con lanzallamas, cargas de demolición y granadas.
La batalla por la Cresta Fonte y el Monte Alifan fue especialmente feroz, con combates cuerpo a cuerpo y múltiples contraataques japoneses. El 25-26 de julio, los japoneses lanzaron su contraofensiva más grande.
Concentrando sus fuerzas restantes, el general Takashina (que murió en esta acción) ordenó un ataque nocturno masivo contra las posiciones del 3º cuerpo de Marines cerca de Fonte.
La lucha fue desesperada y confusa, pero los Marines, apoyados por el fuego de iluminación de barcos y la artillería, repelieron el asalto, aniquilando a cientos de soldados japoneses y quebrando efectivamente la capacidad ofensiva organizada del enemigo.
Tras el fracaso del contraataque, las fuerzas estadounidenses, ahora reforzadas por la 77.ª División de Infantería del Ejército, iniciaron la fase de limpieza final.
El avance se dividió en dos direcciones: una hacia el norte, para asegurar el resto de la isla principal, y otra hacia el sur de la península de Orote, donde se encontraba el antiguo campo de aviación marino y los últimos reductos organizados japoneses.
La península de Orote fue finalmente asegurada el 29 de julio. La lucha luego se trasladó al extremo norte de la isla, hacia el acantilado de Mataguac y la meseta de Pati Point, donde los últimos defensores japoneses se atrincheraron en cuevas y barrancos.
La resistencia organizada cesó oficialmente el 10 de agosto de 1944, aunque pequeños grupos de soldados japoneses continuaron escondidos en la jungla durante muchos años después, creyendo que seguían en guerra.
Las pérdidas fueron significativas: Los estadounidenses sufrieron alrededor de 1700 muertos y 6000 heridos. Las pérdidas japonesas fueron catastróficas, de la guarnición de 18500 hombres, solo unos 485 fueron hechos prisioneros durante la batalla; el resto murió en combate o por suicidio.
La victoria tuvo consecuencias estratégicas inmediatas. Guam se transformó rápidamente en una gigantesca base de operaciones. Los ingenieros de la Marina construyeron cinco grandes aeródromos desde los cuales los B-29 despegarían para bombardear Japón, y el puerto de Apra se convirtió en un centro logístico crucial para la flota del Pacífico.
Simbólicamente, la reconquista de Guam fue un poderoso estímulo para la moral estadounidense, un recordatorio tangible de que la marea de la guerra había cambiado irrevocablemente y de que cada pedazo de territorio perdido estaba siendo recuperado en el camino hacia la victoria final.

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