Mi madre fue muy mala conmigo, nunca cuidó de mí no era una mamá como todas. Nunca hacía actos de cariño, me alimentaba de forma raquítica y en muchas ocasiones se olvidó de darme de comer, seguramente crecí con hambre y desnutrición.
Pero una madre como la mía, estoy seguro nadie ha llegado a tener. A ella siempre le llamaron la atención las cosas oscuras, la hechicería, la magia lo inexplicable. Era un ser humano común y ordinario posiblemente hubiera querido haber nacido, con un don especial.
Pero no fue así, era un ser humano común y ordinario pero con sentimientos negativos y hasta oscuros, su infancia no tuvo nada que ver con eso. Fue una hija amada cuidada y protegida por sus padres.
Nadie nunca supo que fue lo que pasó en su vida que la llevó a ser de ese modo. Murió cuando yo tenía 12 años de una forma extraña y espeluznante.
Ella tenía 35 años y como ya dije, le gustaba lo oscuro, la magia, la hechicería, lo oculto. Vivíamos en un cartucho deprimente, lleno de raras imágenes, miles de frascos con líquidos extraños e infinidad de plantas de olores repulsivos.
Siempre estábamos en penumbras, alumbrados por velas negras y rojas, aprendí por medio de golpes a no cuestionar y aceptar lo que hay cada noche la veía preparar.
Brebajes, recitando palabras, que no entendía pero todo cambió el día que llegó a casa con un libro extraño.
Era pequeño, parecía un diario, tenía los bordes desgastados y muy manchadas, esa noche no durmió. Preparó pócimas, sacando de los frascos, un líquido extraño mezclado con plantas y leyendo frases escritas en aquel pequeño libro.
Yo tenía ocho años, vi como de entre su ropa sacó un frasco pequeño con un líquido rojo y lo incluyó a la extraña mezcla.
Me habló para que me acercara y obedecí había pintado en el suelo un dibujo extraño que parecía una estrella, me paro en el centro del dibujo.
Rápidamente me despojó de mis ropas, en el centro del dibujo se acercó a mí, con el libro en sus manos.
Comenzó a leer lo que en sus hojas estaba escrito primero con muy suave. Pero conforme avanzaba la lectura su voz se volvió autoritaria y urgente repetía una especie de oración.
No supe en qué idioma repetía con un frenesí una y otra vez lo que el libro decía lo primero que sentí fue el viento.
Un viento fuerte movía nuestra casucha meciéndola como si fuera una hoja de papel. La luz de las velas casi se extinguía ante la fuerza de ese viento.
Después un olor como azufre y podrido inundó, el ambiente cerré los ojos tenía miedo pero no me moví ni un ápice no quería la golpiza de mamá.
Después de desobedecerla, el viento y ese horrible olor. Era lo único que mis sentidos percibían la voz de mi madre, cesó de pronto abrí los ojos y la vi caminar con un cuenco entre sus manos se paró enfrente de mí.
Vació el contenido sobre mi cabeza al instante el líquido corrió por mi pequeño cuerpo desnudo empapando todo a su paso y dejando mi piel de color rojo intenso, después mi madre dijo una frase que entendí perfectamente.
Amado Belcebú, te ofrezco el alma de mi niño a cambio de tu poder y protección repitió la frase tres veces mientras lo hacía el viento arreciaba y un remolino me envolvió.
No podía, ver nada ni al cuarto, ni las velas ni a mi madre. Solo una nube que giraba a mi alrededor de pronto la nube se disipó y pude ver con claridad de nuevo, el cuarto las velas y a mi madre inclinada frente a mí con la cara descansando en el piso y murmurando palabras sin sentido.
Yo cubierto con ese líquido carmesí intenté dar un paso para acercarme a mi madre pero una mano de dedos largos y unas uñas afiladas como garras, me lo impidió me di la vuelta para, ver el dueño de esa mano horrible estaba parado detrás de mí
Media como dos metros era enorme estaba desnudo como yo en su pecho la misma estrella que mi madre había dibujado en el piso, la tenía tatuada su cara.
De mandíbula prominente ojos rojos y sobre la cabeza dos enormes cuernos retorcidos y gruesos.
No sentí miedo era como si ese ser me hablara en mi mente, me dijo que todo estaría bien que él siempre cuidaría de mí que aunque yo no sepa. El siempre me protegería que a cambio solo quería que yo le obedeciera para siempre y eso es lo que yo he hecho hasta hoy.
Cuatro años después nuestra situación económica había mejorado muchísimo. Gracias a mi protector.
Mi madre nunca pudo desarrollar ningún don ningún poder sobrenatural pero se conformaba con vivir como reina.
Una noche mi protector apareció ante mí. Y me dijo: Es la hora, ella no puede seguir aquí. Mi corazón se llenó de odio recordé todos los malos tratos, los golpes tomé un objeto filoso de la cocina camina al cuarto de donde mi madre.
Dormía tan profundamente que no sintió cuando la amarré, a la cama despertó al sentir el filo de ese objeto. Arrancándole la vida, la sangre bañaba mi cuerpo.
El vital líquido bañaba mi cuerpo y yo enloquecido seguía en ese acto todo eso sucedió cuando estaba viva después.
La rocié con alcohol, se retorcía de forma grotesca sus brazos y sus piernas, el vital líquido rojo salía de su cuerpo a borbotones en segundos la vida se le escapó por último dibujé una estrella de cinco picos con el vital líquido sobre la pared y salí de ahí como llegué en brazos de mi protector que me llevó hasta mi mullida cama en un internado a kilómetros de ahí.
Eso pasó hace mucho tiempo ahora soy un hombre con poder y dinero y siempre a la sombra de mi protector pues mi alma le pertenece mi madre
Se la dio a cambio de poderes sobrenaturales que nunca pudo tener pues su alma pueril, ni al mismo Belcebú le interesó pero él no desaprovechó, el trato y con mi alma se quedó y como ya dije yo le obedezco hasta el día de hoy.

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