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martes, 16 de septiembre de 2025

Campaña de Italia



La Campaña de Italia, desarrollada desde el 3 de septiembre de 1943 hasta el 2 de mayo de 1945, fue uno de los esfuerzos más prolongados, complejos y brutalmente costosos emprendidos por los Aliados occidentales durante la Segunda Guerra Mundial. 


Lejos de ser el "bajo vientre blando de Europa" que algunos estrategas habían previsto, la península italiana se convirtió en un escenario de una tenaz y amarga guerra de desgaste, donde el terreno montañoso, el clima implacable y la ingeniosa defensa alemana convirtieron cada avance aliado en una carnicería. 


Esta campaña multi-dimensional, que enfrentó a una coalición multi-nacional aliada (estadounidenses, británicos, canadienses, franceses, polacos, indios, neozelandeses, sudafricanos, brasileños y partisanos italianos).


Contra las veteranas fuerzas alemanas de la Wehrmacht y los remanentes del ejército fascista italiano, cumplió su objetivo estratégico fundamental de fijar y desgastar a numerosas divisiones alemanas, pero a un costo humano y material mucho mayor del anticipado.


El contexto de la campaña se estableció con la exitosa Invasión de Sicilia (Operación Husky) en julio-agosto de 1943. El impacto de esta derrota fue tan severo que precipitó la caída y arresto de Benito Mussolini el 25 de julio y llevó al poder al mariscal Pietro Badoglio, quien inició inmediatamente negociaciones secretas de armisticio con los Aliados. 


El Armisticio de Cassibile se firmó en secreto el 3 de septiembre de 1943, el mismo día que el 8º Ejército británico del mariscal Bernard Montgomery cruzó el estrecho de Messina e inició la invasión del continente en la Operación Baytown. 


El 9 de septiembre, el día después del anuncio público del armisticio, el 5º Ejército estadounidense del teniente general Mark Clark ejecutó los desembarcos anfibios mucho más audaces en Salerno (Operación Avalancha), con la esperanza de flanquear rápidamente las defensas alemanas. 


La reacción alemana fue rápida y violenta. Las fuerzas de la Wehrmacht, bajo el brillante mando del mariscal de campo Albert Kesselring, implementaron de inmediato la Operación Achse, desarmando y capturando a mas de 600000 soldados italianos, y lanzaron un feroz contraataque en Salerno que casi logró arrojar a los Aliados al mar, siendo contenido solo por un masivo apoyo de artillería naval y aérea.


Este inicio estableció el tono de toda la campaña: Un avance aliado lento y sangriento a través de una serie de formidables líneas defensivas alemanas, construidas con maestría a lo largo de los numerosos ríos y cadenas montañosas que atraviesan la península. 


La primera y más famosa de estas fue la Línea Gustav, que cruzaba Italia de costa a costa y cuyo punto de anclaje era el antiguo monasterio benedictino de Monte Cassino. 


La batalla por Cassino se convirtió en un símbolo de la campaña: Cuatro asaltos masivos entre enero y mayo de 1944 que involucraron a tropas de una docena de naciones, combates casa por casa en la ciudad devastada y un controversial bombardeo aéreo que redujo el monasterio a escombros. Las pérdidas fueron atroces, y la línea solo fue rota finalmente por una audaz maniobra de flanqueo.


Paralelamente, en un intento de romper el estancamiento, los Aliados desembarcaron dos divisiones anfibias en Anzio (Operación Shingle) el 22 de enero de 1944, detrás de la Línea Gustav. 


Sin embargo, la excesiva cautela del general John P. Lucas permitió a Kesselring reagruparse y contener la cabeza de playa, sometiendo a las fuerzas aliadas a un asedio de cuatro meses bajo constante bombardeo de artillería y contraataques, en condiciones que los soldados apodaron "el pantano de Anzio".


La ruptura final de la Línea Gustav en mayo de 1944, liderada por el 2º Cuerpo Polaco que finalmente izó su bandera sobre las ruinas de Monte Cassino, permitió al 5º y 8º Ejército avanzar y enlazar con las tropas en Anzio. 


Roma fue liberada el 4 de junio de 1944, un triunfo propagandístico que fue inmediatamente eclipsado dos días después por los desembarcos del Día D en Normandía, que relegaron a Italia a un frente secundario.


La fase final de la campaña fue quizás la más dura. Los alemanes se retiraron hábilmente a la siguiente serie de defensas preparadas: La Línea Gótica, que se extendía a través de los Apeninos septentrionales. El avance aliado a través de estas montañas durante el otoño e invierno de 1944-1945 fue una pesadilla logística y humana, con combates en crestas nevadas, bajo lluvias torrenciales y barro implacable. 


La ofensiva final aliada, la Operación Grapeshot, se lanzó en abril de 1945. La ruptura de la Línea Gótica coincidió con el levantamiento general de los partisanos italianos en el norte, que habían estado librando una feroz guerra de guerrillas contra la ocupación alemana y el efímero y títere Estado fascista de Mussolini (República de Salò). 


Las fuerzas alemanas, con su moral quebrantada y sus líneas de suministro cortadas, comenzaron a colapsar. La rendición incondicional de todas las fuerzas del Eje en Italia se firmó el 2 de mayo de 1945, entrando en vigor ese mismo día, cinco días antes de la rendición general alemana.


Las consecuencias de la Campaña de Italia fueron profundas. Estratégicamente, fue un éxito: atrajo y mantuvo ocupadas a 25 divisiones alemanas que de otro modo habrían reforzado el frente oriental o defendido Normandía. 


Sin embargo, el costo fue inmenso: Los Aliados sufrieron un aproximado de 300000 bajas. Para Italia, la campaña fue una catástrofe nacional que dejó un legado de destrucción y una amarga guerra civil entre fascistas y partisanos. 


Militarmente, demostró la formidable capacidad defensiva de la Wehrmacht incluso en retirada y proporcionó lecciones cruciales en guerra de montaña, operaciones combinadas y mando conjunto que se aplicarían en el noroeste de Europa. 


Fue una victoria necesaria pero dolorosamente adquirida, un largo y sangriento camino que, aunque a menudo ensombrecido por otros frentes, jugó un papel vital en el desgaste y la eventual derrota de la Alemania Nazi.





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