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miércoles, 20 de agosto de 2025

MARY SHELLEY



Mary Shelley: Mucho más que la madre de un monstruo


Cuando escuchas el nombre Mary Shelley, es casi inevitable que tu mente viaje al instante a una noche tormentosa, un castillo tenebroso y la aterradora imagen de Frankenstein y su criatura. 


Pero reducir la vida de esta mujer extraordinaria a la creación de una sola novela, por brillante que sea, es como ver solo la punta de un iceberg. Su historia es una de pasión, tragedia, genio literario y una rebeldía que desafió todas las convenciones de su época.


Imagina la escena: Suiza, 1816, conocido como "el año sin verano" debido a una erupción volcánica que enfrió el planeta. Un grupo de jóvenes intelectuales, entre los que se encuentran el brillante y tempestuoso poeta Percy Bysshe Shelley (de quien Mary estaba perdidamente enamorada), el escandaloso Lord Byron y la brillante Mary, de apenas 18 años, se refugian en la Villa Diodati. 


Aburridos por el encierro y estimulados por lecturas de historias de fantasmas, Byron propone un desafío: "¡Cada uno escribirá una historia de terror!".


Mientras los demás luchaban por encontrar inspiración, a Mary le llegó una visión tan potente como aterradora durante un sueño: la imagen de un científico que, impulsado por su arrogancia, logra infundir vida a una criatura hecha de restos mortuorios, para luego abandonarla a su suerte, horrorizado por su propia creación. De esa pesadilla nació "Frankenstein o el Moderno Prometeo", publicada en 1818.


Una vida de novela gótica


Para entender la profundidad de "Frankenstein", hay que mirar la vida de su autora, que a menudo superó en drama a su propia ficción:


Hija de rebeldes: Era hija de Mary Wollstonecraft, una de las primeras filósofas feministas, y William Godwin, un político y escritor anarquista. Creció en un ambiente donde las ideas radicales eran el pan de cada día.


Amor y escándalo: Se fugó a los 16 años con el ya casado Percy Shelley, un acto que la llevó al ostracismo social y a una eterna tensión con su familia.


Tragedia constante: La muerte fue una sombra constante en su vida. Perdió a su madre días después de nacer, sufrió el suicidio de su media hermana, y la mortalidad infantil le arrebató a tres de sus cuatro hijos. 


Esta familiaridad con la pérdida impregna cada página de "Frankenstein", una novela que gira en torno a la vida, la muerte y la ethical responsabilidad de la creación.


Un legado que trasciende al monstruo


Aunque "Frankenstein" la inmortalizó, Mary Shelley fue mucho más. Fue una editora meticulosa de la obra de su marido tras su trágica muerte, una escritora de viajes talentosa y una novelista que exploró otros géneros, aunque la sombra de su obra maestra siempre fue alargada.


Su gran genio fue tomar el miedo gótico y transformarlo en una poderosa reflexión moderna. "Frankenstein" no es solo un cuento de miedo; es una profunda exploración sobre:


La ética científica: ¿Hasta dónde debe llegar el hombre en su intento de dominar la naturaleza?


La responsabilidad paternal: ¿Qué ocurre cuando un creador abandona a su creación?


La naturaleza del monstruo: ¿Nacemos malos o la sociedad nos hace monstruos?


La soledad y el rechazo: La criatura es, en el fondo, un ser profundamente solo que anhela ser amado.


Por todo esto, Mary Shelley no fue solo una joven que escribió una historia de fantasmas. Fue una visionaria que, desde las penumbras del Romanticismo, iluminó preguntas que, dos siglos después, siguen más vigentes que nunca frente a los avances de la inteligencia artificial, la ingeniería genética y la bioética. 


Ella nos enseñó que el verdadero monstruo no suele ser la creación, sino la ambición desmedida y la irresponsabilidad de su creador. Una lección eterna, nacida de la mente de una mujer extraordinaria.





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