El Archivo General de la Nación: El guardián de la memoria argentina
Cada 28 de agosto se celebra en Argentina el Día del Archivero, una fecha que conmemora una decisión visionaria que sentó las bases para proteger la memoria colectiva del país.
Para entender su importancia, tenemos que viajar en el tiempo hasta 1821, apenas unos años después de la Revolución de Mayo.
Imaginen la escena: la joven nación argentina intentaba ordenarse tras años de lucha. Era el gobierno de Martín Rodríguez en la provincia de Buenos Aires, con un ministro lleno de ideas modernas: Bernardino Rivadavia.
Ellos observaron un problema que, aunque poco glamoroso, era vital para el funcionamiento del Estado y la historia futura: los documentos públicos estaban dispersos, desordenados y en riesgo de perderse. Actas fundacionales, decretos, correspondencia… papeles que eran el ADN de la administración y la identidad nacional.
Fue así que, un 28 de agosto de 1821, firmaron un decreto fundacional. No solo creaban el Archivo General de la Provincia de Buenos Aires (la semilla de lo que hoy conocemos), sino que, con una claridad admirable, explicaban por qué era crucial.
El texto decía, en esencia, que un archivo bien organizado no era solo un "baúl de recuerdos", sino la herramienta que "asegura a la Historia la materia y los documentos más exactos de ella" y, al mismo tiempo, agiliza el trabajo del gobierno al tener la información ordenada. ¡Era una cuestión de eficiencia y de identidad!
El primer hogar de todos estos papeles fue un lugar emblemático: la Manzana de las Luces. Allí comenzó la titánica tarea de reunir, clasificar y conservar toda la documentación desde la fundación de Buenos Aires.
Con el tiempo, y tras la federalización de la ciudad en 1880, la institución creció y cambió su nombre al que lleva hoy: Archivo General de la Nación (AGN).
Su viaje no terminó ahí. Tuvo varias sedes, including el edificio donde hoy funciona la AFIP, hasta llegar en 1950 a su ubicación actual en la Avenida Alem.
Pero su misión siempre fue la misma: ser el guardián de los papeles que narran nuestra vida como país. Su colección es un tesoro invaluable que abarca desde el período colonial hasta hoy, y ni más ni menos que la UNESCO ha reconocido su fondo del "Virreinato del Río de la Plata" como parte del programa "Memoria del Mundo", un honor que lo equipara con las reliquias documentales más importantes del planeta.
Por eso, este 28 de agosto no solo celebramos la creación de un edificio lleno de papeles viejos. Celebramos la labor silenciosa y esencial de los archiveros, aquellos profesionales que, tras bambalinas, clasifican, restauran y preservan nuestra historia común.
Gracias a aquel decreto de 1821 y a su trabajo diario, podemos escarbar en el pasado para entender nuestro presente y construir el futuro con la brújula de la memoria.
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