Alexis Korner (París, 19 de abril de 1928 – Londres, 1 de enero de 1984) En el cruce de caminos donde el blues se encontró con la juventud británica, Alexis Korner fue el profeta sin iglesia, el sabio sin pedestal, el sembrador que nunca necesitó cosecha.
Nacido en París, criado entre culturas y acentos, fue británico por destino y blusero por vocación. Su guitarra no buscaba la fama, sino la transmisión: de Mississippi a Londres, del alma negra al corazón blanco.
En los oscuros sótanos del Londres de los años 50, introdujo sonidos que ni siquiera América se atrevía aún a celebrar: Sonny Terry, Big Bill Broonzy, Muddy Waters, John Lee Hooker... Korner no solo los escuchaba: los traía, los compartía, los enseñaba. Fue el primer apóstol del rhythm and blues británico, mucho antes de que el mundo supiera lo que eso significaba.
Con Cyril Davies, otro pionero de oído fino, fundó en 1961 la legendaria Blues Incorporated, una banda que no era grupo sino cuna, semillero, escuela de genios.
Por sus filas pasaron nombres que hoy parecen mitología: Charlie Watts, Keith Richards, Jack Bruce, Ginger Baker, John McLaughlin, Brian Jones, John Paul Jones, Eric Burdon... No eran aún ídolos, pero todos pasaron por la bendición de Korner, que les enseñó que el blues no era solo música, sino lenguaje del alma.
Cuando Davies se separó para fundar su propia banda, Korner siguió adelante, siempre al borde de la escena pero en el corazón mismo del sonido. Tocó con John Renbourn, Terry Cox, Danny Thompson, y en 1967 creó Free at Last, grupo efímero donde brilló un joven Robert Plant, futuro dios del rock con Led Zeppelin.
Entre 1968 y 1969 colaboró con Peter Thorup, y en 1970, junto al productor Mickie Most y el pianista John Cameron, dio vida a uno de sus proyectos más ambiciosos: Collective Consciousness Society (C.C.S.), una big band explosiva de vientos, riffs y groove, que dejó su huella hasta 1973.
Korner nunca buscó el centro del escenario, pero fue el eje secreto del rock británico. Siempre rodeado de amigos, compañeros y aprendices, siguió grabando, girando y soñando con una música sin dueños. Los Rolling Stones, Yardbirds, Cream, The Animals... todos le deben algo.
Murió en 1984, como mueren los sabios: sin haber reclamado nada para sí, pero dejando un legado inmenso. No fue una estrella: fue el firmamento donde muchas comenzaron a brillar.

No hay comentarios.:
Publicar un comentario