Victor Buono (San Diego, California, 3 de febrero de 1938 – Apple Valley, California, 1 de enero de 1982) En un mundo donde el brillo de Hollywood suele eclipsar las sombras del alma, Victor Buono caminó con paso firme entre la risa, el aplauso y una soledad no exenta de ironía.
Actor, cómico, lector voraz y amante de Shakespeare, fue un hombre grande —literal y simbólicamente— que vivió entre la escena y el telón, desafiando etiquetas y rompiendo moldes.
Hijo de artistas y nieto de vodevil, fue su abuela quien le enseñó sus primeras canciones, aquellas que entonaba con timidez frente a las visitas, sin saber que estaba ensayando para toda una vida bajo los focos.
De niño soñó con ser médico, pero fue Hamlet quien lo sedujo antes que Hipócrates. A los 16 años ya se había convertido en presencia habitual del teatro escolar, donde fue Papá Barrett, Aladino, y hasta el príncipe de Dinamarca.
El destino lo llevó pronto al Globe Theater de San Diego, donde su talento sobresalió en Shakespeare y en comedias modernas. Su imponente figura —más por su presencia escénica que por su tamaño— llamó la atención de un cazatalentos de Warner Bros, y Hollywood lo atrapó para siempre.
Debutó en la televisión como Bongo Benny y, sin perder tiempo, se convirtió en el rostro inolvidable de personajes mayores, extravagantes, oscuros o abiertamente ridículos, que abordaba con una mezcla única de inteligencia, ternura y sátira.
Fue nominado al Oscar por su interpretación en ¿Qué fue de Baby Jane? (1962), donde compartió pantalla con las titánicas Bette Davis y Joan Crawford, sin amilanarse ni un segundo.
Fue Big Sam Hollis en Canción de cuna para un cadáver (1964), el Gran Sacerdote Sorak en The Greatest Story Ever Told (1965), y protagonizó decenas de películas más, desde el drama bíblico hasta la comedia más delirante.
Pero fue en la televisión donde su figura se volvió inmortal. El Rey Tut de la serie Batman, con su voz teatral y su aire de emperador extraviado, quedó grabado para siempre en la memoria pop. También fue el Conde Manzeppi en The Wild Wild West y uno de los villanos más camaleónicos del universo televisivo, encarnando a criminales de toda nacionalidad y temperamento.
En la recta final de su carrera, mostró un registro más introspectivo: padres millonarios, estafadores melancólicos, presidentes obesos y solemnes, como su interpretación de William Howard Taft en Backstairs at the White House.
Victor Buono murió de un ataque al corazón en su rancho en Apple Valley, a los 43 años, un 1 de enero, como si incluso su partida estuviera cargada de simbolismo: el final de un hombre que parecía antiguo y nuevo a la vez, como un poema de Shakespeare leído por un cómico con alma de filósofo.
Nunca fue un galán, ni pretendió serlo. Su talento era otro: darle cuerpo a lo grotesco sin perder humanidad, y hacer reír mientras sugería algo más profundo, más triste, más verdadero. Quizás por eso, cuando se fue, lo hizo como vivió: dejando tras de sí una estela de aplausos y un silencio que aún resuena.
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