Ana Aslan: la mujer que quiso frenar el paso del tiempo
En un mundo obsesionado con la juventud, Ana Aslan fue una pionera. Médica, investigadora y apasionada de la vida, dedicó su carrera a un solo objetivo: entender y retrasar el envejecimiento. Aunque su obra fue polémica, nadie puede negar que cambió para siempre el enfoque de la medicina hacia la vejez.
Un talento precoz en la Rumanía del siglo XX
Ana Aslan nació el 1 de enero de 1897 en Braila, una ciudad al este de Rumanía. Desde joven mostró un gran interés por la ciencia. Se licenció en Medicina en 1922, y apenas dos años después, ya tenía su doctorado. Trabajó en distintos laboratorios y universidades, entre ellas la de Timisoara, abriéndose camino en un mundo dominado por hombres.
El hallazgo que cambiaría su vida (y la de muchos)
Todo empezó casi por casualidad. En 1946, mientras investigaba los efectos de la procaína, un anestésico común en odontología, Aslan descubrió que esta sustancia tenía propiedades sorprendentes: reducía el cansancio, mejoraba la memoria y parecía rejuvenecer el cuerpo. Fue un hallazgo tan prometedor como inesperado.
En 1949, cuando el gobierno rumano le encargó el tratamiento de veteranos de guerra, pudo aplicar su descubrimiento en un contexto clínico real. Así nació el Gerovital H3, un producto que afirmaba ralentizar el envejecimiento celular, mejorar la circulación y potenciar la energía física e intelectual.
El auge del Gerovital H3
En 1952, su fórmula comenzó a fabricarse de forma industrial. Y no pasó mucho tiempo antes de que se convirtiera en un fenómeno internacional. En 1958, Aslan fundó en Bucarest el Instituto de Geriatría y Gerontología, un centro pionero que atrajo a pacientes de todo el mundo: desde Charles de Gaulle y John F. Kennedy hasta Salvador Dalí, Marlene Dietrich, Pablo Neruda y Marilyn Monroe. Incluso dictadores como Franco y Mao Zedong confiaron en ella.
El Gerovital no solo se convirtió en una marca de culto, sino en un símbolo de longevidad y bienestar, aunque rodeado de controversia. Para algunos era una panacea; para otros, un ejemplo de pseudociencia.
Ciencia, política… y secreto de Estado
La fama de Aslan traspasó fronteras. En 1977, colaboró en Cuba con los doctores Israil Brekhman (experto en adaptógenos) y Raimundo Torres Díaz en el proyecto “Longevidad con Calidad”. Se trataba de un tratamiento reservado a líderes de países socialistas, considerado “secreto de Estado” en su época.
A lo largo de su vida, recibió más de treinta premios internacionales, incluido uno otorgado por la Organización Mundial de la Salud en 1952. Murió en 1988, en Bucarest, dejando un legado tan discutido como fascinante.
¿Milagro o marketing?
El Gerovital H3 prometía mejorar la memoria, la energía, el estado de ánimo y prevenir enfermedades como el reumatismo, la osteoporosis o los trastornos cardíacos. Su uso se extendió también a cosméticos, y aún hoy hay productos que afirman estar inspirados en su fórmula, que sigue siendo objeto de disputas científicas y legales.
Para algunos, Ana Aslan fue una visionaria; para otros, una médica que rozó los límites de la ciencia. Pero si algo es seguro, es que fue una mujer decidida, carismática y audaz, que se atrevió a desafiar el envejecimiento cuando pocos se atrevían siquiera a estudiarlo.

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