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jueves, 29 de enero de 2026

La Revolución que Derrocó a la Monarquía en Brasil (1889)




1. Contexto: Un Imperio sin Base y una República sin Pueblo


Para 1889, el Imperio de Brasil, gobernado por Pedro II, era una rareza política anacrónica. Aunque estable y relativamente liberal, sufría de graves contradicciones terminales:


La Crisis del Pilar Esclavista: La Abolición de la Esclavitud (1888) sin indemnización alienó por completo a la aristocracia cafetalera del Valle de Paraíba, el principal soporte económico y político del régimen. Se sintieron traicionados y arruinados por la "Lei Áurea".


El Desgaste de Pedro II: El emperador, de 63 años, estaba física y políticamente agotado tras casi 50 años de reinado. Su imagen de monarca sabio y estable ya no cautivaba a las nuevas generaciones de élites urbanas, militares y profesionales, quienes veían la monarquía como atrasada, portuguesa y poco "moderna".


La Cuestionada Sucesión: Su heredera, la Princesa Isabel, era vista con desconfianza por su profundo catolicismo (asociado al ultramontanismo y a la reacción) y por su marido francés, el Conde d'Eu, lo que generaba temores de una "extranjerización" del trono.


El Ascenso de Nuevos Actores:


El Ejército (Os Militares): Influenciado por el positivismo ("Orden y Progreso") y resentido por la falta de prestigio y recursos, anhelaba un papel político protagónico. Jóvenes oficiales como Deodoro da Fonseca y Floriano Peixoto despreciaban la política civil "corrupta".


Los Republicanos Paulistas: La nueva y pujante oligarquía cafetalera del Oeste Paulista, ligada a la inmigración europea y al trabajo libre, veía la república federal como la fórmula para ganar autonomía fiscal y política frente al poder central del Río de Janeiro imperial.


2. El Evento: El Golpe Militar de un Día (15 de Noviembre de 1889)


Contrariamente a la épica republicana, no hubo una revolución popular, sino un golpe de estado rápido y casi incruento, ejecutado por un pequeño grupo.


La Conspiración: Un núcleo de oficiales militares (en su mayoría de rango medio, como el Teniente Coronel Benjamin Constant, líder civil del movimiento), intelectuales positivistas y políticos republicanos paulistas planearon el derrocamiento.


El Desenlace: En la madrugada del 15 de noviembre, el Mariscal Deodoro da Fonseca, aunque enfermo y con dudas, lideró un pequeño contingente de tropas hasta el Ministerio de la Guerra y depuso al gabinete imperial. 


No hubo resistencia. Pedro II, que estaba en Petrópolis, fue informado y, rechazando cualquier derramamiento de sangre, aceptó el exilio. La familia imperial partió a Europa en la madrugada del 17 de noviembre. El Imperio, sin un solo disparo, se disolvió como un azucarillo.


3. Consecuencias Políticas Inmediatas: La "República del Sable y del Café"


El nuevo régimen, la República Velha (1889-1930), nació con un defecto de origen que la marcaría.


La Dictadura Militar Provisional (1889-1891): Deodoro da Fonseca se autoproclamó "Jefe del Gobierno Provisional" en un régimen claramente militar. Se abolió el Poder Moderador, se secularizó el estado y se convocó una Asamblea Constituyente.


La Constitución de 1891: Estableció una república federal y presidencialista, inspirada en el modelo de EE.UU., pero con un voto censitario y abiertamente excluyente (analfabetos no votaban, más del 70% de la población). Federalizó el poder, otorgando gran autonomía a los estados (las "repúblicas del café con leche": São Paulo y Minas Gerais).


El "Encilhamento" y la Inestabilidad: La desastrosa política económica del ministro Ruy Barbosa ("Encilhamento"), una especulación financiera descontrolada, provocó una crisis, mostrando la ineptitud del nuevo gobierno y llevando a Deodoro a un auto-golpe en 1891, y luego a su renuncia, sucedido por el Mariscal Floriano Peixoto, el "Mariscal de Hierro", que reprimió con dureza las primeras revueltas monarquistas y federalistas.


4. Consecuencias a Largo Plazo: El Brasil Moderno y sus Fracturas


El 15 de noviembre no fue un simple cambio de gobierno; fue un punto de inflexión geopolítico y social.


El Fin del Último Imperio Americano y el Cambio Geopolítico: La caída de la única monarquía estable de América del Sur alteró el equilibrio regional. Brasil pasó de ser un imperio continental a una república federal que, aunque grande, perdió temporalmente el aura de estabilidad que Pedro II proyectaba internacionalmente.


La Consolidación de la "Política del Café com Leite": La República Velha institucionalizó el dominio de las oligarquías agrarias exportadoras (café de São Paulo, leche y ganado de Minas Gerais) sobre el estado central, mediante el coronelismo (poder local) y el voto de cabresto. 


La república, en la práctica, excluyó aún más a las masas populares y negras que la monarquía, que al menos tenía un paternalismo integrador.


La Entronización del Militar como Actor Político: El golpe de 1889 estableció el mito fundacional del ejército como "poder moderador" y "salvador de la patria", un papel que justificaría sus intervenciones recurrentes en la política brasileña a lo largo del siglo XX (1930, 1945, 1964).


La Cuestión de la Identidad Nacional: La república intentó crear nuevos símbolos (bandera con el lema positivista "Ordem e Progresso", himno) para reemplazar los imperiales. 


Sin embargo, al exiliar sin juicio a la dinastía de Bragança, creó un vacío simbólico y un trauma de legitimidad que tardaría décadas en sanar. La república nació, en cierto modo, sin el consentimiento emocional de gran parte de la población.


5. Conclusión: La Revolución desde Arriba que Imitó una Modernidad Vacía


La proclamación de la República en Brasil fue, en esencia, un golpe de modernización conservadora. No fue una revolución social, sino un cambio en la cúpula del poder para adaptar las estructuras del estado a los intereses de nuevas élites (militares positivistas, cafetaleros paulistas) que consideraban agotado el modelo monárquico.


Su gran paradoja es que, al buscar imitar el modelo republicano moderno (EE.UU., Francia), profundizó las estructuras oligárquicas, excluyentes y clientelistas que ya existían. 


Cambió la forma de gobierno, pero no el fondo del poder. El 15 de noviembre de 1889 no marcó el nacimiento de una democracia brasileña, sino el inicio de una larga y compleja búsqueda de una identidad republicana que, aún hoy, debate los mismos dilemas: federalismo vs. centralismo, inclusión social vs. privilegio oligárquico, y el papel de las fuerzas armadas en la vida civil. 


Fue el día en que Brasil eligió, desde arriba, una nueva máscara política para un rostro social que cambiaría mucho más lentamente.





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