1. Contexto: El Socialismo en la Encrucijada del Poder
Tras la disolución de la Primera Internacional (Asociación Internacional de Trabajadores, 1864-1876) por luchas internas entre marxistas y anarquistas, el movimiento socialista europeo emergía fortalecido pero fragmentado.
La industrialización masiva había creado un proletariado urbano enorme, y partidos socialdemócratas de masas crecían electoralmente en Alemania (SPD), Francia y otros países.
Sin embargo, carecían de coordinación y de una estrategia común. Dos corrientes pugnaban: los marxistas ortodoxos (como los alemanes) que priorizaban la organización partidaria y la lucha política, y los posibilistas/reformistas (como los franceses de Paul Brousse) que abogaban por cambios graduales a través del sistema.
La conmemoración del centenario de la Revolución Francesa en 1889 ofreció el escenario simbólico perfecto en París para intentar reunificar al movimiento obrero mundial bajo una nueva bandera.
2. El Evento: El Congreso Fundacional y el "Fantasma" Organizado
En julio de 1889, dos congresos rivales se reunieron en París, reflejando la división interna:
1. El Congreso Marxista, convocado por Friedrich Engels (coautor del Manifiesto Comunista) y el Partido Obrero Francés de Jules Guesde, con delegaciones fuertes de Alemania, Austria y Rusia.
2. El Congreso Posibilista/Reformista, con socialistas moderados y sindicalistas británicos (Trade Unions).
Aunque el congreso marxista fue el que históricamente se considera fundacional de la Segunda Internacional Obrera, el verdadero logro fue superar la división y crear una estructura federativa flexible que uniera a partidos socialistas y laboristas nacionales, no a individuos.
La sombra de Karl Marx (fallecido en 1883) y la presencia activa de Engels le dieron una legitimidad ideológica incuestionable.
3. Decisiones Fundacionales Inmediatas: Creando los Símbolos del Movimiento Mundial
La Segunda Internacional no fue un estado mayor revolucionario, sino un congreso de símbolos y coordinación que dejó una huella cultural imborrable.
La Canonización del Primero de Mayo (Día del Trabajador): En respuesta al llamado del sindicato estadounidense AFL y, de manera crucial, en conmemoración de los Mártires de Chicago de 1886, el congreso declaró el 1 de mayo como el Día Internacional de los Trabajadores.
Se instauró como una jornada anual de movilización, huelgas y protestas para exigir la jornada de 8 horas. Fue un acto de solidaridad transatlántica que transformó una tragedia estadounidense en un ritual universal de la clase obrera.
La Difusión del Marxismo como Doctrina Oficial: Aunque no de forma dogmática, la Internacional se convirtió en la principal plataforma de difusión y debate de las ideas de Marx.
Resoluciones sobre teoría económica, lucha de clases y análisis del capitalismo se discutían y aprobaban, estandarizando un lenguaje y un marco analítico común para socialistas de todo el mundo.
El Internacionalismo como Imperativo Moral: Estableció la idea de que los trabajadores no tenían patria en los conflictos entre burguesías nacionales. La famosa consigna "¡Proletarios de todos los países, uníos!" dejó de ser una frase de un manifiesto para convertirse en un mandato organizativo. Creó la expectativa de que los partidos miembros se opondrían a la guerra imperialista.
4. Consecuencias y Tensiones a Largo Plazo: El Camino a la Traición y la Ruptura
La historia de la Segunda Internacional (1889-1916) es la de la tensión irresoluble entre el idealismo internacionalista y las realidades del poder nacional.
La Cuestión del "Revisionismo" (Eduard Bernstein): A fines de 1890, el alemán Eduard Bernstein desafió la ortodoxia marxista, argumentando que el socialismo podía lograrse mediante reformas graduales y democracia parlamentaria, no por revolución.
La Internacional condenó el "revisionismo", pero no pudo detener su influencia práctica en partidos como el SPD alemán, que se volvía cada vez más un partido de masa integrado en el sistema.
El Dilema de la Guerra y el Colapso de 1914: Este fue su pecado original y su fracaso catastrófico. Durante décadas, la Internacional aprobó resoluciones prometiendo oponer una huelga general internacional y el sabotaje a cualquier guerra imperialista.
Sin embargo, en agosto de 1914, cuando estalló la Primera Guerra Mundial, los principales partidos socialistas (especialmente el SPD alemán) votaron a favor de los créditos de guerra de sus respectivos gobiernos, traicionando el internacionalismo.
Los trabajadores franceses y alemanes se fueron a la trinchera a matarse unos a otros. La Segunda Internacional se desintegró moral y prácticamente en cuestión de días. Este colapso fue el trauma fundacional del movimiento obrero del siglo XX.
La Herencia y la Ruptura: Tercera Internacional (Comunista) vs. Internacional Obrera y Socialista: La traición de 1914 llevó a Vladimir Lenin y los revolucionarios radicales a denunciar a la Segunda Internacional como "social-chovinista" y "traidora".
En 1919, Lenin fundaría la Tercera Internacional (Comintern), exclusivamente bolchevique y revolucionaria. Los socialistas reformistas reorganizaron la vieja Internacional como la Internacional Obrera y Socialista.
Así, la Segunda Internacional parió a sus dos herederos antagónicos: La socialdemocracia reformista y el comunismo revolucionario, una división que definiría la izquierda mundial durante la Guerra Fría.
5. Conclusión: La Asamblea que Soñó con la Paz y Naufragó en la Guerra
La fundación de la Segunda Internacional representó el momento de mayor confianza y ambición del socialismo democrático europeo. Fue el intento de construir un "estado mayor mundial" de la clase obrera, dotado de símbolos potentes (el Primero de Mayo), una doctrina común (el marxismo) y un ideal sublime (el internacionalismo pacifista).
Su legado es profundamente contradictorio: creó los rituales y la cultura del movimiento obrero global, pero fue incapaz de controlar a sus propios miembros cuando la prueba definitiva, la guerra, llegó.
Demostró que la solidaridad de clase podía ser más débil que el nacionalismo en un momento crítico. Su colapso en 1914 no solo marcó el fin de una organización, sino el fin de la inocencia del socialismo europeo y el comienzo de su división más amarga y duradera. La Segunda Internacional fue, en última instancia, la gran utopía política que murió en las trincheras de la Gran Guerra.
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