Luis Banchero Rossi (Tacna, 11 de octubre de 1929 – Chaclacayo, 1 de enero de 1972) hombre de mar sin ser marinero, visionario sin traje ni oropeles, Luis Banchero Rossi emergió del polvo de las calles de Tacna para convertirse en uno de los mayores arquitectos del emporio pesquero del Perú.
Su vida fue una travesía de audacia, ingenio y silencios rotos por una muerte tan brutal como enigmática.
Primeros años: del polvo al puerto
Hijo de inmigrantes italianos sin fortuna, nació en una casa humilde pero con ambiciones altas como el desierto tacneño. Cursó estudios secundarios en el Colegio Nacional de Varones (hoy I.E.E. Coronel Bolognesi) y se graduó como ingeniero químico en la Universidad Nacional de Trujillo.
Pero no fue en los laboratorios donde empezó a construir su fortuna, sino en las calles, vendiendo de todo: vinos familiares, medias, discos, piñas, autos, aceite de motor. Fue así como conoció Chimbote, una ciudad que por entonces aún no era nada, y que él ayudaría a convertir en la capital industrial pesquera del país.
Un imperio nacido del mar
En 1955, con el fruto de años de trabajo incansable, compró su primera planta conservera de pescado y la bautizó “Florida”. Desde entonces, su crecimiento fue vertiginoso.
Compró barcos propios para asegurar el flujo de materias primas y adquirió fábricas quebradas para transformarlas en motores productivos. Llegó a poseer diez complejos pesqueros y más de 320 embarcaciones, una verdadera flota destinada a alimentar la pujante industria de la harina y aceite de pescado.
Pero Banchero no se limitó a producir: construyó casas para sus trabajadores, escuelas para sus hijos, postas médicas para sus familias. Su visión empresarial era también, en parte, un acto de ingeniería social.
A inicios de los años 70, sus empresas generaban ingresos brutos por más de 60 millones de dólares al año, una cifra descomunal para la época. Diversificó sus intereses: astilleros en Callao y Chimbote, incursiones en la minería, la aviación, el fútbol —con el Club Atlético Defensor Lima— y el periodismo.
En 1962 fundó el diario Correo en Tacna, que más tarde se expandiría a varias provincias, así como el diario Ojo, uno de los más leídos de Lima. Nunca compró casa en la capital; prefería vivir en un piso del Hotel Crillón, desde donde observaba el país que ayudaba a construir.
El magnate y el país
En 1968, fue nombrado presidente de la Sociedad Nacional de Pesquería, desde donde promovió la investigación oceanográfica y programas de consumo de pescado. También fue director del Banco de Crédito del Perú. Se hablaba —casi en voz baja— de una posible candidatura presidencial, que él no desmentía.
El crimen en la casa de campo
Pero el 1 de enero de 1972, en la quietud del amanecer de Año Nuevo, la vida de Banchero terminó con violencia en su casa de campo en Chaclacayo, donde se hallaba junto a su secretaria, Eugenia Sessarego.
Su asesino fue Juan Vilca Carranza, hijo del jardinero, quien confesó el crimen, alegando que lo hizo por dinero. Sin embargo, la brutalidad del asesinato y la desproporción física entre ambos sembraron dudas sobre si actuó solo.
Vilca, de 1,50 metros, logró reducir al corpulento empresario de 1,80, usando una pistola Luger y luego rematándolo a golpes y cuchilladas.
La participación de Sessarego también fue puesta en entredicho: primero llamada amante, luego cómplice, pasó cinco años en prisión antes de recibir el indulto. Al salir, desapareció de la vida pública, al igual que Vilca tras su liberación.
Sospechas y sombras
El crimen pronto se tiñó de misterio. Una hipótesis sostenida por el historiador Nelson Manrique apunta al criminal nazi Klaus Barbie, quien habría estado de paso por Chaclacayo rumbo a Bolivia.
Según esta versión, Banchero y su colaborador alemán Herbert John identificaron y delataron a Barbie, hecho que confirmaron en una carta enviada al célebre cazador de nazis Serge Klarsfeld semanas antes del asesinato.
¿Fue la muerte de Banchero un ajuste de cuentas internacional disfrazado de crimen pasional? La pregunta sigue abierta.
Tras su muerte, el gobierno militar de Juan Velasco Alvarado estatizó sus empresas. El empresario que más empleos había creado en el Perú fue enterrado en el Cementerio de El Ángel, sin haber visto completado su sueño mayor.
En la cultura popular
La vida —y sobre todo la muerte— de Banchero inspiró la película Muerte de un magnate (1981), dirigida por Francisco J. Lombardi, con Orlando Sacha en el papel del empresario. Una obra que ahonda en la tensión entre poder, ambición y tragedia.

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