1. Perspectiva socio-histórica (China e Inglaterra)
Antecedentes:
Desde el siglo XVIII, la dinastía Qing mantenía un sistema de comercio restrictivo conocido como el Sistema de Cantón (1757-1842).
Solo el puerto de Cantón (actual Guangzhou) estaba autorizado para el comercio exterior, y operaba bajo estrictas regulaciones: los mercaderes occidentales solo podían comerciar con un gremio autorizado de comerciantes chinos llamados hong, debían residir en factorías durante la temporada comercial y retirarse en invierno, y tenían prohibido aprender chino o circular libremente.
Los británicos, a través de la Compañía Británica de las Indias Orientales, compraban enormes cantidades de té, seda y porcelana. La demanda británica de té crecía exponencialmente (de 2 millones de libras en 1700 a más de 30 millones en 1820).
China, auto-suficiente, solo aceptaba plata como pago. Esto generó un flujo masivo de plata desde Gran Bretaña hacia China, creando un déficit comercial crónico para los británicos.
La solución británica: el opio
Para revertir el flujo de plata, la Compañía Británica de las Indias Orientales fomentó el cultivo de opio en sus colonias de la India (Bengala) y organizó su contrabando a China a través de comerciantes privados.
El opio, una droga adictiva, creó rápidamente una enorme demanda en China. Para 1830, el consumo de opio en China era masivo: se estima que entre 2 y 4 millones de chinos eran adictos. El balance comercial se invirtió: la plata comenzó a fluir desde China hacia la India y Gran Bretaña.
La chispa:
En 1838, el emperador Daoguang nombró al comisionado Lin Zexu como encargado de erradicar el tráfico de opio. Lin adoptó medidas drásticas: en marzo de 1839, rodeó las factorías de Cantón, exigió la entrega de todo el opio almacenado por los comerciantes británicos y retuvo como rehenes a los comerciantes.
El superintendente británico de comercio, Charles Elliot, entregó 20.000 cajones de opio (unos 1.200 toneladas) que fueron destruidos públicamente en pozos de cal viva. Londres respondió con indignación y envió una flota naval al mando del capitán Charles Elliot (primo del superintendente).
Desarrollo de la guerra:
La guerra duró tres años (1839-1842). Los británicos, con barcos de vapor y cañones de largo alcance, derrotaron sistemáticamente a las fuerzas Qing, que dependían de juncos de madera y cañones anticuados. Los británicos capturaron Cantón, Amoy (Xiamen), Ningbo, Shanghái y amenazaron Nankín. Los Qing, sin capacidad de respuesta, pidieron la paz.
Consecuencias inmediatas:
Tratado de Nankín (29 de agosto de 1842), primer "tratado desigual":
- China paga una indemnización de 21 millones de dólares españoles (plata).
- Apertura de cinco puertos (Cantón, Amoy, Fuzhou, Ningbo, Shanghái) con extra-territorialidad para los súbditos británicos.
- Cesión de la isla de Hong Kong a perpetuidad a la Corona Británica.
- Aranceles de importación fijados en un 5%, controlados por los británicos.
- Supresión del Sistema de Cantón.
Memoria histórica:
En China, esta guerra marca el inicio del "siglo de humillación" (1842-1949), un trauma nacional que aún hoy alimenta el nacionalismo chino y la narrativa de resistencia contra el imperialismo occidental. En Gran Bretaña, fue celebrada como una victoria del libre comercio y la civilización sobre el atraso.
2. Perspectiva económica (China e Inglaterra)
El desequilibrio estructural:
Antes del opio, la economía china era la más grande del mundo en términos de PIB (aproximadamente el 30% del PIB global en 1800). China exportaba té, seda y porcelana, pero no necesitaba importar casi nada de Occidente. Los británicos sufrían un déficit comercial de unos 4-5 millones de libras anuales con China.
El opio como herramienta de equilibrio:
Para 1839, el opio representaba el 50% del valor total de las exportaciones británicas a China. La Compañía de Indias Orientales monopolizaba la producción de opio en la India y lo vendía a comerciantes privados británicos en subastas en Calcuta.
Estos lo transportaban a China en barcos rápidos, desafiando las patrullas chinas. El precio del opio en China era aproximadamente el doble que en la India, generando enormes ganancias.
Flujos de plata:
Entre 1800 y 1830, China había recibido una afluencia constante de plata (más de 200 millones de dólares españoles). A partir de 1830, el flujo se invirtió: entre 1830 y 1840, China perdió unos 100 millones de dólares en plata, lo que provocó deflación, crisis de liquidez y un aumento de los impuestos en especie (arroz, seda). El gobierno Qing, que cobraba impuestos en plata, vio reducidos sus ingresos reales.
Consecuencias económicas del Tratado de Nankín:
- China perdió su autonomía arancelaria. El límite del 5% impedía proteger la incipiente industria local (especialmente textil) de las importaciones británicas de algodón y lana.
- Los cinco puertos abiertos se convirtieron en enclaves de comercio extranjero controlados por firmas británicas (Jardine Matheson, Dent & Co.).
- Hong Kong se desarrolló como puerto franco y base de operaciones para el contrabando (incluyendo opio, que seguía siendo técnicamente ilegal pero tolerado).
- La plata volvió a fluir hacia China, pero ahora los ingresos por exportaciones estaban gravados por los aranceles controlados por extranjeros.
Efecto a largo plazo:
China quedó integrada al sistema capitalista global como proveedora de materias primas (té, seda, más tarde minerales) y consumidora de opio y manufacturas británicas.
Se generó una economía dual: el sector comercial costero, conectado con los extranjeros, prosperó, mientras que el interior rural se empobreció. Esto alimentó la Rebelión Taiping (1850-1864), la guerra civil más mortífera del siglo XIX (20-30 millones de muertos).
3. Perspectiva sociológica (China e Inglaterra)
Estructura social china preguerra:
La sociedad Qing era jerárquica y confuciana, con cuatro clases:
1. Scholar-officials (literatos-funcionarios): la élite gobernante, seleccionada mediante exámenes confucianos. Despreciaban el comercio y las actividades "bárbaras".
2. Campesinos: la base productiva, idealizados como sostenedores del orden.
3. Artesanos: respetados pero subordinados.
4. Comerciantes: en la posición más baja, a pesar de su riqueza, porque "no producían nada".
El comercio exterior estaba monopolizado por los hong (gremios de mercaderes de Cantón), que actuaban como intermediarios entre los bárbaros y el estado.
Impacto de la guerra y el opio en la sociedad china:
- Adicción masiva: Millones de chinos, desde funcionarios hasta campesinos, se volvieron adictos al opio. La adicción destruyó familias, redujo la productividad agrícola y corrompió a la burocracia (muchos funcionarios aceptaban sobornos para tolerar el contrabando).
- Nuevas clases sociales: Surgió la figura del comprador (maibandai), chinos que trabajaban para firmas extranjeras como intermediarios, traductores y agentes. Acumularon grandes fortunas, pero fueron estigmatizados como colaboracionistas.
En los puertos abiertos aparecieron intérpretes, marineros chinos al servicio británico, y traficantes locales de opio.
- Crisis de legitimidad: La derrota militar demostró que el orden confuciano no podía defender al país. Intelectuales como Wei Yuan (autor de la Geografía ilustrada de los países extranjeros) empezaron a pedir "aprender las técnicas superiores de los bárbaros" (shiyi changji).
- Movimientos de resistencia: El Tiandihui (Sociedad del Cielo y la Tierra) y otras sociedades secretas organizaron levantamientos antiforeign y anti-Qing. La más importante fue la Rebelión Taiping (1850-1864), liderada por Hong Xiuquan, un converso al cristianismo que proclamó el "Reino Celestial de la Gran Paz" y abolió la propiedad privada, el opio y la jerarquía confuciana.
Perspectiva británica:
En Gran Bretaña, la guerra fue popular. La opinión pública victoriana veía a China como un país atrasado, corrupto y cruel (por la ejecución de traficantes de opio).
El filósofo John Stuart Mill, en Principios de economía política (1848), justificó la guerra como un medio para "abrir" China al comercio, argumentando que el libre comercio era un derecho universal. Los intereses mercantiles (la City de Londres, la Compañía de Indias Orientales, los comerciantes de opio) presionaron exitosamente al Parlamento.
4. Perspectiva antropológica (China e Inglaterra)
Cosmovisión china:
El emperador Qing era el "Hijo del Cielo" (Tianzi), centro del universo civilizado. Fuera de China, solo existían "bárbaros" (yi) que debían reconocer la superioridad china mediante el ritual del tributo: postrarse ante el emperador (kneading), entregar "tributo" y recibir "regalos" de mayor valor. Los británicos eran vistos como bárbaros del oeste (yangguizi, "demonios extranjeros"), sin moral ni ceremonias propias.
El opio como símbolo:
En la cultura china tradicional, el opio era conocido como medicamento (para la disentería, el dolor), pero su consumo recreativo se consideraba un vicio bajo, asociado a la decadencia de la corte imperial en la dinastía Ming tardía.
Lin Zexu, en su famosa carta a la reina Victoria (1839), argumentó que Inglaterra estaba envenenando a China deliberadamente: "Supongamos que hubiera extranjeros que introdujeran en Inglaterra opio para venderlo, y que los ingleses lo consumieran; ¿no estaría Su Majestad dispuesta a ordenar el castigo de esos traficantes?".
Choque de sistemas diplomáticos:
- China: Las relaciones internacionales se basaban en el sistema de tributo. Los enviados británicos debían postrarse (kotow). Cuando Lord Macartney (1793) y Lord Amherst (1816) se negaron, fueron despedidos sin acuerdo.
- Gran Bretaña: El derecho internacional europeo consideraba a todos los estados soberanos como iguales. Los británicos veían el sistema de tributo como una arrogancia ridícula.
La guerra como conflicto de cosmovisiones:
Para los Qing, la guerra era una "campaña moral" para erradicar el opio y restaurar la pureza confuciana. Para los británicos, era una "guerra comercial" para defender el libre comercio (ironía: estaban librando una guerra para vender una droga adictiva).
Después de la derrota, los intelectuales chinos comenzaron a aceptar, contra su cosmovisión, que los "bárbaros" tenían tecnología superior. Nació el movimiento ti-yong: "conocimiento chino para lo esencial, conocimiento occidental para lo útil". Fue el primer paso hacia la occidentalización.
Cambios culturales posteriores:
- Se tradujeron textos occidentales de geografía, ingeniería y estrategia militar.
- Se crearon fábricas de armas y astilleros al estilo occidental (Movimiento de Autofortalecimiento, 1861-1895).
- El opio, irónicamente, se legalizó en 1858 (Tratado de Tianjin) y se volvió un cultivo doméstico masivo en China, con la excusa de "sustituir importaciones".
Añadido final: El Tratado de Waitangi (1840) y el contexto de Australia
El Tratado de Waitangi (6 de febrero de 1840)
Contexto australiano previo:
Desde 1788, Gran Bretaña había establecido colonias penales en Australia (Nueva Gales del Sur). Para 1840, Australia tenía unos 200.000 colonos (incluyendo convictos y libres) y una población aborigen diezmada por enfermedades y violencia.
La Corona británica buscaba expandir sus dominios en el Pacífico Sur, en parte para contrarrestar los intereses franceses. Nueva Zelanda, hasta entonces visitada por balleneros, misioneros y comerciantes, era el siguiente objetivo.
¿Qué fue el Tratado de Waitangi?
Fue un acuerdo firmado por la Corona Británica (representada por el teniente gobernador William Hobson) y más de 500 jefes maoríes de la isla Norte de Nueva Zelanda. El tratado tenía tres artículos:
1. Soberanía: Los jefes cedían a la Reina Victoria la soberanía sobre sus territorios.
2. Propiedad: La Corona garantizaba a los jefes y tribus la "posesión plena, exclusiva e inalterable" de sus tierras, bosques y pesquerías. Solo la Corona podía comprar tierras maoríes.
3. Derechos: Los maoríes recibían los mismos derechos que los súbditos británicos.
El problema central: traducción divergente
El texto en inglés usaba soberanía absoluta, sin límites. El texto en maorí, traducido por el misionero Henry Williams, usaba kawanatanga, una palabra tomada de kawana (gobernador, del inglés "governor") que para los maoríes implicaba un poder limitado, similar a una administración local o un mando delegado, no la cesión de autoridad suprema.
Los jefes maoríes creían que mantenían su rangatiratanga (jefatura, autonomía total sobre sus asuntos internos). Firmaron el tratado pensando que era un pacto de protección y cooperación entre iguales.
Consecuencias inmediatas:
- Proclamación de la soberanía británica sobre Nueva Zelanda (21 de mayo de 1840).
- Inmediata llegada de colonos británicos, que compraban tierras a la Corona (no directamente a los maoríes). La Corona compraba tierras a precios ínfimos y las revendía a colonos.
- En la década de 1840-1860, los maoríes perdieron gran parte de sus tierras. Surgió el movimiento del Rey Maorí (Kingitanga, 1858) para unificar tribus y detener las ventas.
- Guerras Maoríes (1845-1872): conflictos armados entre maoríes y colonos/ejército británico. Los maoríes fueron derrotados militarmente, pero no aniquilados.
- Para 1900, los maoríes habían perdido más del 90% de sus tierras y su población se redujo de unos 100.000 (1800) a menos de 50.000.
Paralelismo con la Guerra del Opio:
- Similitudes: Ambos eventos representan la expansión del capitalismo industrial británico mediante coerción (guerra en China, tratado engañoso en Nueva Zelanda). En ambos casos, los británicos impusieron su definición de soberanía, propiedad y contrato sobre sistemas normativos distintos.
- Diferencias: China conservó nominalmente su soberanía como estado (aunque recortada), mientras que los maoríes perdieron la suya de facto. China tenía una civilización escrita y burocrática que registró los hechos; los maoríes tenían tradición oral, lo que facilitó la distorsión colonial.
- Legado actual: En China, la Guerra del Opio es un trauma nacional que alimenta el antimperialismo. En Nueva Zelanda, el Tratado de Waitangi es el documento fundacional (se celebra el 6 de febrero), pero su interpretación sigue siendo disputada; desde 1975 existe el Tribunal de Waitangi para resolver reclamos maoríes por tierras y recursos.
Nota sobre Australia:
A diferencia de Nueva Zelanda, Australia no tuvo un tratado con los pueblos aborígenes. La Corona británica declaró terra nullius (tierra vacía, sin dueño) en 1788, negando la existencia de propiedad indígena.
Los aborígenes australianos fueron desplazados, asesinados o recluidos en misiones. Hasta hoy, Australia no tiene un tratado nacional con sus pueblos originarios (aunque hay algunos acuerdos locales).
El Tratado de Waitangi, con todas sus fallas, al menos creó un marco legal de reclamo que los maoríes han podido usar. En este sentido, Nueva Zelanda fue "menos peor" que Australia, pero igual de colonial.

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