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sábado, 17 de enero de 2026

El Sitio de Jartum y la Muerte de Gordon (1884-1885)



1. Contexto: El Mahdista, el Imperio y el "Hombre del Destino"


En la década de 1880, Egipto (bajo control financiero anglo-británico) intentaba mantener su tambaleante dominio sobre Sudán. Allí, un líder religioso, Muhammad Ahmad, se proclamó Mahdi ("el guiado"), un mesías islámico destinado a purificar la fe y expulsar a los ocupantes turco-egipcios y a sus amos europeos. 


Su movimiento, el Mahdiyya, se convirtió en una revuelta popular y militarmente efectiva que barrió con las guarniciones egipcias. Para el gobierno británico de William Gladstone, Sudán era un "pantano" costoso y sin valor, y prefería una retirada ordenada. Sin embargo, la presión pública y la figura carismática del General Charles George "Chinese" Gordon lo empujaron a una intervención fatal.


Gordon, un héroe imperial excéntrico y místico (famoso por sofocar la Rebelión Taiping en China), fue enviado a Jartum en febrero de 1884 con una misión ambigua: "informar" o "evacuar" la guarnición egipcia. Pero Gordon, convencido de su destino y desafiando órdenes, decidió fortificar la ciudad y resistir, confiando en que el gobierno británico no abandonaría a su héroe.


2. El Sitio y la Caída: Un Drama Telegrafiado en Tiempo Real


El drama de Jartum se desarrolló como una tragedia griega transmitida por cable submarino, cautivando y angustiando al público británico.


El Asedio: A partir de marzo de 1884, las fuerzas mahdistas, lideradas por el comandante Muhammad Ahmad al-Mahdi y su brillante general, el Califa Abdullah al-Taashi, rodearon Jartum, cortando sus líneas de comunicación y suministro. Gordon organizó una defensa desesperada.


La Indecisión de Londres: Gladstone, opuesto a una guerra colonial costosa, retrasó durante meses el envío de una fuerza de rescate. La prensa sensacionalista (especialmente el Pall Mall Gazette) creó un culto alrededor de "Gordon de Jartum", presentándolo como un caballero cristiano abandonado por un gobierno cobarde.


La Expedición de Rescate y el Desenlace: Finalmente, presionado, Gladstone autorizó una expedición al mando del General Garnet Wolseley. 


Avanzó con dolorosa lentitud por el Nilo. Llegó a la vista de Jartum dos días tarde. El 26 de enero de 1885, tras un asalto final masivo, los mahdistas irrumpieron en la ciudad. Gordon, según los relatos (mitificados), fue asesinado en las escaleras del palacio del gobernador, resistiendo con su uniforme de gala y su espada. Jartum fue saqueada y su población masacrada.


3. Consecuencias Sociales e Imperiales: El Choque y la Revancha


El impacto en Gran Bretaña y en la política imperial fue sísmico.


Trauma Nacional y Linchamiento Público de Gladstone: La noticia, transmitida por telégrafo, conmocionó al imperio. Gordon fue inmediatamente canonizado como mártir del Imperio Británico: un caballero cristiano, valiente y leal, "asesinado" por la vacilación de su propio gobierno. Gladstone, apodado "G.O.M." (Grand Old Man) por sus seguidores, fue vilipendiado como "M.O.G." (Murderer of Gordon) por la prensa y la oposición conservadora. 


La imagen de un héroe imperial abandonado quedó grabada a fuego en la psique victoriana, alimentando un imperialismo más agresivo y moralizante.


La Consolidación del Estado Mahdista: La victoria no fue solo militar. Legitimó y fortaleció enormemente al Mahdiyya, que estableció un Estado teocrático independiente en Sudán que duraría 13 años (1885-1898). Fue un golpe devastador al prestigio y la supuesta invencibilidad británica, la derrota colonial más humillante del siglo XIX.


El Culto a Gordon y el Imperialismo Moral: La muerte de Gordon se utilizó para redefinir la misión imperial como un sacrificio noble y cristiano. Estatuas, pinturas (como la famosa de George William Joy) y hagiografías glorificaron su muerte, sirviendo de justificación emocional para futuras conquistas. El imperio ya no era solo por comercio o poder, sino por "civilización" y "deber".


La Semilla de la Revancha (La Reconquista de 1898): El "fantasma de Gordon" hizo inevitable la reconquista de Sudán. Se convirtió en una cuestión de honor nacional pendiente. Trece años después, un nuevo gobierno británico bajo Lord Salisbury y el mismo **General Herbert Kitchener lanzarían una campaña meticulosa y brutal que culminaría en la Batalla de Omdurmán (1898), una venganza devastadora que consolidó el dominio anglo-egipcio sobre Sudán.


4. Consecuencias a Largo Plazo: Símbolos y Legados Contradictorios


El evento trascendió su época, creando símbolos poderosos para ambos lados.


Un Símbolo de la Resistencia Anticolonial: Para los sudaneses y muchos pueblos colonizados, la victoria mahdista en Jartum se convirtió en un símbolo poderoso de que el poder europeo podía ser derrotado. El Mahdiyya inspiró futuros movimientos de resistencia anticolonial en África y el mundo musulmán.


El Mito del "Hombre Solo" contra la Burocracia: La narrativa de Gordon, el hombre de acción heroico frustrado por políticos pusilánimes, se convirtió en un arquetipo cultural duradero en la literatura y el cine imperial británico, reflejando una tensión permanente entre el individuo carismático y el aparato del Estado.


La Sombra en la Política Exterior Británica: El trauma de Jartum generó una aversión posterior a comprometer tropas en misiones ambiguas sin salida clara, pero también una tendencia a la sobre-compensación con fuerza abrumadora (como se vio en 1898). Mostró los peligros de que la emoción pública dirigiera la estrategia imperial.


5. Conclusión: El Mártir que Forjó un Imperio Más Feroz


El sitio de Jartum y la muerte de Gordon fue mucho más que una batalla colonial perdida. Fue un punto de inflexión psicológico y cultural para el Imperio Británico.


La muerte de un solo hombre en un puesto remoto catalizó una ola de emoción pública que redefinió la moral imperial, condenó a un gobierno y aseguró que una futura guerra de conquista fuera inevitable. 


Gordon, en vida un agente desobediente, en muerte se convirtió en el santo patrón del imperialismo de la "era nueva", más agresivo y seguro de su misión moral. Simultáneamente, su derrota elevó al Mahdiyya a la categoría de leyenda de la resistencia. 


Este evento, por tanto, encapsula la dialéctica central del colonialismo: para cada mártir imperial, hay un símbolo de liberación nativa. Jartum fue el crisol donde se forjaron tanto el mito del sacrificio imperial británico como el mito de la invencibilidad rota, dos narrativas que moldearían el siglo siguiente.





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